4/10/2008
La casa del azar
Cuando subimos los congostos y entramos en algún valle colgado, no es extraño que veamos ruinas de ermitas, sin techumbre y llenas de maleza. Algunas de ellas han sido limpiadas, pero poco queda... unas piedras que nadie duda que formaron parte de un humilde edificio y que fueron brazos humanos los que ahí las colocaron.
Hay indicios, por las obras, que la inteligencia humana hizo un trabajo... si bien el tiempo hizo el suyo y descubrió los techos de esas ermitas.
Nadie discutiría que es obra humana la Catedral de León, donde está escondido el sillar del cimiento. Nadie dudaría que hubo muchos canteros tallando las piedras para darles esa forma perfecta y elevar las agujas hacia el cielo en una especie de oración petrina.
Donde hay armonía... nadie duda que hay una Inteligencia ¿o sí?
Azar lo llaman los hombres grises. Necesidad lo llaman otros hombres del mismo color... ¿Y si hablásemos de un Arquitecto peculiar que emplease los elementos de la naturaleza como sillares del gran edificio del Universo? No es una explicación del por qué lo hizo ni del cómo lo hizo, pero es una posibilidad que se asemeja bastante a cómo verían las cosas los ojos sin malicia.
Los cimientos siempre están ocultos, el primer momento... la primera concentración de materia, la gran explosión... qué más da si se pierde en el infinito o en un instante mensurable. Los hombres grises siempre llevan una cinta métrica de millones de años que se queda corta. Y como niegan el principio a partir del final de la cinta se inventan los datos, imaginan con empeño admirable para encontrar una explicación más increíble que un Dios Arquitecto. Están empeñados en que demos un salto dialéctico desde el "desde el no hay más datos" a "y aquí Dios no es necesario".
No son las manos divinas como las nuestras, no dejan huella como nosotros en la piedra de la cantera. Su huella se llama "potencialidad casi infinita". Y es que basta una ligera brisa divina para que el cuerpo de Adán, hecho del barro de la tierra, cobrase vida y fuese un reflejo de la vida divina.
frid
Publicado por cartapacio.liberal en 6:26 p. m. 0 comentarios
Reflexiones liberales: Evolucionismo sí, creación también.
Reflexiones liberales: Evolucionismo sí, creación también.
Para www.aragonliberal.es
Por: Federico Rodríguez
Las batallas dialécticas pueden caer en el sofisma o en la retórica. Defender la libertad implica un buen uso de la retórica porque cayendo en los sofismas nos esclavizamos, simplificamos una realidad que es mucho más compleja. Caben ambos: Evolución y Creación en el mismo saco, pero no del mismo modo.
En los planteamientos sofistas se suele afirmar algo para negar muchas veces lo que "ni siquiera es contrario". Se juega con la aparente contradicción terminológica o la oposición entre conceptos generada dialécticamente.
Algunos piensan... como soy evolucionista, niego que haya habido creación... todo se explica por el azar. ¿Y el azar, quién lo explica?
Dirían los evolucionistas que creen en Dios: Dios juega a los dados y así ha salido todo adelante.
Pero la realidad no es tan sencilla... lo que conocemos es realmente armonioso ¿de veras que hay azar?
Otros fijándose en la armonía del Universo, en la gradación de seres niegan el azar y piensan que todo sigue un plan determinado. Antes esos mismos negaban a Dios por la existencia de ese orden necesario. ¿Y quién hizo ese orden?
Dirían los "deterministas" que creen en Dios: Dios no juega a los dados.
En otro tiempo, siglo XIII, un Santo Tomás hablaba de que Dios en su providencia ordenaba el mundo con causas necesarias y contingentes.
Esa es una tercera opción: Dios juega a los dados con dados trucados.
El mejor ejemplo de dado trucado es el ser humano. Es evidente que "hace lo que le da la gana"... pero cuando decide "no respirar" se muere. Hay unos "límites" al ser más libre de la creación.
Parece evidente que el Universo tiene una "incalculable variabilidad"... pero sólo sobreviven los planetas que se ajustan a una órbita estable, los seres vivos que se adaptan al medio y pueden reproducirse adecuadamente. La naturaleza tiene sus "grados de libertad" tanto para producir alteraciones como para que esas alteraciones sean viables. Los mostruos "no permanecen".
El problema que tenemos para ver esto es nuestra dimensión temporal. Un hombre en su vida terrena puede manifestar su libertad, su "azar" y su "necesidad". En la naturaleza un siglo es una décima de segundo... los cambios sólo se ven pasados miles de años... salvo las "mutaciones genéticas" que el hombre está realizando. Hoy aceleramos el proceso, pero no inventamos.
Pienso que los hombres estudiamos en las ciencias naturales más que los "por qués" los "cómo" se realizan. Estudiamos procesos, no llegamos a sus razones últimas. Y cuando más profundizamos... más procesos aprendemos. La ley de la gravedad, las leyes de la evolución... son "descriptivas". ¿por qué la gravedad? ¿por qué el proceso evolutivo? Esas respuestas las trasladamos al ámbito de la metafísica.
Por eso, como dice Mariano Artigas, cuando el hombre niega la creación desde la ciencia está haciendo más que ciencia... y cuando lo afirma desde la ciencia también.
Yo afirmo a Dios, pero no veo ningún problema en que la ciencia experimental siga buscando los "cómos" de lo que parece una evolución con un diseño inteligente.
frid
Para ampliar más datos recomiendo el libro: "Origen del hombre" de Mariano Artigas y Daniel Turbón, EUNSA, Navarra, 2007
Publicado por frid en 11:06 a. m. 0 comentarios